Ante la actual crisis sanitaria del COVID-19 que se está desarrollando a nivel global debemos cuestionarnos y tomar consciencia del gran impacto que esto generará, tanto negativo como positivo.

Como bien sabemos las medidas que muchos países han tenido que aplicar han sido drásticas y sus consecuencias económicas se pueden ver en la caída de las bolsas internacionales.

La incertidumbre del avance de la epidemia y sus secuelas mantendrán tambaleante los mercados y uno de los que más notará estos efectos será el de la moda.

Por otro lado y como en todo, existe un lado positivo derivado de esta crisis. Por ejemplo, en cuestión de meses las emisiones de dióxido de carbono en China han disminuido hasta un 25 %, en Italia debido a la reducción de la movilidad en el país y en España esta sucediendo lo mismo.

China, el gigante productor

Esta pandemia es la prueba de que todo puede suceder: China, el gigante productor, tuvo que frenar su actividad de golpe. Ante esta situación miles de empresas alrededor del mundo vieron afectada su cadena de producción y con ello su economía.

Como bien sabemos la industria textil es la segunda más contaminante del mundo y China el principal país de manufactura; esto se traduce en una batalla claramente dominada por el líder asiático. ¿Pero cuántas epidemias necesitamos para darnos cuenta que este modelo de producción no sólo es inviable ecológicamente sino que además es frágil ante ciertas situaciones que resultan incontrolables?

 

Las oportunidades que el COVID-19 deja abiertas

Ante esta situación las marcas han tenido que retomar contacto con las empresas nacionales, buscando cubrir las necesidades que China no podía. Nuevamente hemos volteado a ver a las fábricas locales y con ello también hemos contribuido a disminuir la huella ecológica que nos acompaña desde que importarlo todo, ha sido prioritario.

Así que este es el momento que la moda nacional estaba buscando, con China a medio vapor y la prueba de que la reducción de gases es posible, podemos implementar técnicas de confección que destaquen por su originalidad, su compromiso con el medio por su calidad técnica.

La experta en la práctica sostenible de cero residuos en moda, Elena Ryleeva, asegura que la única forma de que la industria avance al mismo nivel de compromiso que el resto, es a través de la implementación de técnicas que promuevan la menor cantidad de residuos y la mayor versatilidad de la prenda.

Cambios en la industria de la moda a partir del COVID-19

Sin duda, el cambio de paradigma se dará solamente a través del conocimiento y la formación, no sólo de los nuevos talentos del diseño, también de los profesores, ya que el objetivo es tejer una red sostenible entorno a la industria de la moda de zero waste fashion.

Conocer y dominar una técnica que vaya acorde con los principios de sostenibilidad que el mundo exige, es la clave para que una marca de moda sea realmente competitiva.

Ya no basta sólo con utilizar materiales sustentables, ahora es necesario hacerlos rendir al 100% para no tener desperdicios. Cabe destacar que la complejidad de un diseño zero waste fashion asegura, además, que no será fácilmente replicable con lo que ya no será problema el tema de las copias.

Finalmente, las grandes marcas de moda que buscan sumarse a esta iniciativa requieren personal cualificado tanto para repensar y re diseñar el tiempo de vida y deshecho de sus prendas, hasta asegurar que los materiales se usen en su totalidad.

Es por ello que debemos ser conscientes que el futuro del empleo en Europa (y esperemos que en el mundo) para este sector es el personal local formado y capacitado para ello.

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